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Infraestructuras industriales y desarrollo económico/territorial
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Paz Benito del Pozo /
Profesora Titular de Geografía Humana en el Departamento de Geografía y Geología de la Universidad de León. Experta en temas de suelo industrial, ha dirigido un proyecto de investigación sobre el suelo industrial en la provincia de León cuyos resultados se ofrecen en el libro “Suelo industrial y territorio en León”editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de León. León, 2006

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Las actividades de tipo industrial y terciario llevadas a cabo por pequeñas y medianas empresas se localizan en espacios fácilmente reconocibles por su precisa delimitación y morfología: son los polígonos industriales y los parques empresariales. Aunque hoy parece evidente que toda empresa necesita, y busca, un lugar de asentamiento que ofrezca unas condiciones mínimas como son: accesos adecuados, suministro de agua y energía, alcantarillado, alumbrado público, recogida de basuras, etcétera, y un suelo de uso específico y urbanizado, durante largo tiempo dominó en el paisaje la presencia de fábricas y naves agrupadas de forma espontánea, sin orden predeterminado, en localizaciones impropias y en precarias condiciones en cuanto a la disponibilidad de servicios e infraestructuras.


Poligono Indutrial de Villalonquejar . Burgos

Podemos afirmar que hasta los años sesenta no se generalizó en España la planificación del suelo industrial ni se aplicaron criterios urbanísticos al desarrollo de espacios para fábricas, almacenes y talleres. Sólo el Estado, a través de la Gerencia de Urbanización (creada en 1959) y más tarde del Instituto Nacional de Urbanización (INUR, creado en el año1972), produjo suelo industrial urbanizado en el marco de los Planes de Desarrollo, una intervención siempre limitada y selectiva territorialmente dirigida a crear polos o focos de desarrollo en áreas desfavorecidas o de débil industrialización.La estrategia oficial de promoción de suelo industrial no alcanzaba a la arquitectura de los edificios industriales, ajenos durante largo tiempo a una norma que regulase el volumen,las alturas o el tratamiento de fachadas. Cada empresario actuaba con libertad en este sentido, lo que produjo verdaderos espacios de chabolismo industrial en múltiples ciudades españolas. Más excepcionales aún eran los controles sobre emisión de humos, ruidos, manipulación de materias peligrosas o tratamiento de residuos. La laxitud de las leyes o elsimple vacío legal daban pie a estas situaciones.

La consolidación del proceso de industrialización, unido a la planificación urbanística generalizada y a la ordenación de los usos del suelo a escala municipal, propiciaron la formación a lo largo de los años ochenta y noventa de una oferta de suelo industrial público y privado orientada a satisfacer tanto los requerimientos de los empresarios como las necesidades de las propias ciudades y zonas económicas en expansión, que debieron regularizar los distintos usos del suelo y planificar su dimensión y desarrollo para así hacer compatibles los objetivos de expansión económica con el deseable y conveniente crecimiento territorial equilibrado o sostenible. Se pasó de una ocupación pirata y descontrolada del suelo para usos industriales y empresariales en general, a otra ordenada y racional. Se paso, igualmente, de una oferta de suelo industrial muy limitada en cantidad y deficiente en términos de equipamientos, servicios y nivel de urbanización, a otra más amplia y de mayor calidad.

Esta dinámica de cambio también afectó al emplazamiento tradicional de las actividades industriales. En efecto, es fácil comprobar que las fábricas, y cierto tipo de comercio y actividades de distribución, no tienen actualmente en la ciudad su escenario preferente, como era propio de las primeras etapas de la industrialización, porque la escasez de suelo urbano, los precios del mismo y los requerimientos específicos de la organización de la producción y del trabajo provocaron la emigración de las empresas hacia los espacios de borde, lejos del casco urbano consolidado, en busca de suelo abundante y barato y en terrenos susceptibles de favorecer la agrupación de empresas y de generar sinergias económicas de las que se derivan evidentes ventajas para la producción en su conjunto, y con una adecuada, aunque no siempre óptima, accesibilidad a suministradores, mercados y clientes. Mientras que las grandes empresas se localizan de forma aislada o en grandes complejos productivos conectados a los más importantes ejes de transportes y centros de distribución, las pequeñas y medianas empresas encuentran su sitio en los polígonos industriales y parques empresariales que se delimitan y urbanizan sobre las principales vías de acceso a las ciudades y en las primeras y segundas coronas metropolitanas.

Este proceso de transformación, que combina cambios en el sistema productivo, en las formas de organización de las empresas, en las decisiones de localización y en la intervención de los poderes públicos a través del planeamiento urbanístico y la ordenación del territorio, se traduce en la consolidación de asentamientos industriales planificados, urbanizados y sujetos a una normativa concreta -aquella que se deriva del planeamiento municipal vigente- que han dado origen a unos espacios altamente especializados en los que el protagonismo es de las empresas, que se adscriben a los sectores productivos más variados y ofrecen niveles tecnológicos también contrastados. De ellas depende, en buena medida, el eficaz funcionamiento de los polígonos y parques creados por la iniciativa pública o privada, según los casos, aunque también están (o deberían estar) implicados en la gestión de los mismos los Ayuntamientos y los promotores, es decir, los agentes que tienen alguna responsabilidad en el desarrollo, comercialización y mantenimiento del polígono.

En un intento de clasificación de los espacios planificados y urbanizados para pymes que es posible identificar y reconocer hoy en los accesos a las principales áreas urbanas y metropolitanas de nuestro país, podemos distinguir tres tipos básicos: el más frecuente y numeroso es el polígono industrial, que parte de una planificación previa y se urbaniza según un proyecto concreto o Plan Parcial que ha supuesto un estudio de las condiciones del terreno y del emplazamiento y que cuenta con una normativa urbanística específica.

Figura 1. Acceso al polígono industrial de Navatejera (León).

Un segundo tipo está representado por el parque empresarial, que es una modalidad de oferta de suelo de más reciente creación orientada a empresas de servicios que demandan oficinas y espacios de trabajo que no requieren equipamiento industrial. El creciente desarrollo de los servicios a las empresas y de los servicios avanzados de todo tipo explicaría la proliferación de estos parques, con una localización que les asegura un buen acceso a las áreas urbanas y a otros espacios empresariales.

Por último, están los parques científicos y tecnológicos, cuyo origen los vincula a la expansión de las industrias de alta tecnología y los servicios a las empresas que incorporan I+D. Se trata de espacios promovidos por los gobiernos nacionales o regionales como parte de la política tecnológica y de impulso a la innovación, que ofrecen a las empresas de nueva tecnología un lugar de cuidada calidad urbanística, ambiental y estética. Son, diríamos, los espacios industriales de última generación, o como algunos autores los denominan, los polígonos industriales del siglo XXI, que para actuar como verdaderos medios innovadores deben estar relacionados con las universidades y demás centros superiores de investigación, un elemento éste de vital importancia y que está ausente en los polígonos industriales tradicionales. Excepcionales todavía en número (una media de uno o dos de estos parques por comunidad autónoma), concentran importantes inversiones de empresas multinacionales y de todo tipo, y actúan como factor dinamizador de la innovación en su ámbito territorial respectivo.

En Castilla y León estos espacios neotecnológicos están representados por el Parque Tecnológico de Boecillo,en Valladolid, puesto en marcha en el año 1991; por el Parque Tecnológico de León, cuya primera fase de urbanización concluyó a finales de 2004; y por el Parque Tecnológico de Burgos. La Red de parques de la región está gestionada por la entidad Gesturcal y Parques Tecnológicos de Castilla y León, S.A. Se trata de espacios de promoción pública con una elevada capacidad de atracción sobre inversiones y empresas de alta tecnología e innovaciones avanzadas.


Figura 2: Imagen del Parque Tecnológico de Boecillo, en Valladolid. Edificio Galileo.

Sin duda, el repertorio de infraestructuras industriales y empresariales que acabamos de revisar son elementos que sirven tanto al desarrollo regional como aldesarrollo territorial, pues crean las condiciones para atraer y fijar inversiones, generar empleo, producir riqueza e impulsar el progreso social. Pero también articulan el territorio, le dan coherencia ypermiten una expansión de la actividad económica y empresarial más equilibrada y, sobre todo, ordenada en el espacio. No en vano los planes oficiales de creación de suelo industrial se vinculan de manera estrecha a las políticas sectoriales (política industrial, política tecnológica…) y a la política territorial (ordenación del territorio, planeamiento urbanístico…) de tal forma que la promoción de suelo empresarial sea coherente, en su localización, magnitud y calidad, con los objetivos de crecimiento económico, los intereses empresariales y el modelo territorial expuesto en las Directrices Regionales de Ordenación del Territorio y, a otra escala, en el planeamiento municipal y urbano.

Figura 3: Acceso al Parque Tecnológico de León.


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