| Revista mensual Empresarial de Burgos y su provincia | ||||||||
![]() |
||||||||
| Opiniones I Blog I Contactar I Colaborar | ||||||||
|
|
||||||||
Nº 31 . Noviembre . 2008 ......................................................... Rumores: Comunicación a la velocidad de la luz ......................................................... Tras la digitalización, otros desafíos ......................................................... ......................................................... Formulación de una estrategia para la implementación de un ERP ......................................................... Un enfoque sobre el diseño del mix de marketing globalizado ......................................................... Mercados emergentes ......................................................... Los precios de los pisos han tocado fondo .........................................................
Motor Gastronomia Viajes ......................................................... Apuntes Vacaciones y situaciones especiales ........................................................ |
Management . Volver a Portada | |||||||
| Tras la digitalización, otros desafíos ..............................................................................................
Aunque estemos de acuerdo, bueno es insistir en ello: el avance en la mejora de la productividad y la competitividad no puede quedarse en la ubicuidad de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), como si éstas constituyeran, en sí mismas, la única e indiscutible puerta al futuro, la llave de la prosperidad, la solución de nuestros problemas. En el reto de futuro que se nos plantea, las herramientas o soluciones TIC resultan, en su mayoría, bienvenidas, pero la clave apunta más al capital humano, y debemos tomar plena conciencia de ello para evitar esa especie de atontamiento reverencial que genera el avance tecnológico. El lector tendrá otras percepciones, pero creo que el despliegue tecnológico se nos ha venido mostrando en ocasiones arrogante y aun agresivo, complacido protagonista de la Sociedad de la Información, muy seguro de constituir el artífice cardinal de la inexcusable innovación, la solución incontestable para las sinergias organizacionales y la inteligencia colectiva, la garantía del aprovechamiento y el flujo del conocimiento en las empresas, el vehículo incuestionable del aprendizaje permanente mediante el denominado e-learning... Habría que revisar punto a punto todo esto, por si cupieran matices y hubiera que poner las cosas en su sitio. De momento, no se sabe ya si quien posee la información posee el poder, o si parece más cierto que quien posee la tecnología posee (o cree poseer) el poder... Ya verán por qué lo digo. Reflexiones iniciales Cierto que las tecnologías de la información y la comunicación representan una ayuda valiosísima ―lo digo convencido―, a pesar de habernos hecho a todos dependientes del ordenador, y a la vez ―porque la complejidad del aparato nos supera― de los colegas tecnólogos; naturalmente que hemos asignado un lugar de honor para el PC, tanto en la oficina como en casa; pero no nos engañemos: con la debida perspectiva, nuestra herramienta de trabajo no sería tanto el ordenador como la información a que nos permite acceder para su consulta, para su uso como materia prima en la generación de nueva información, etc. El conocimiento de que habla la emergente economía del saber y el innovar no viene de la tecnología, sino de la información a que da soporte. La tecnología nos permite almacenar y procesar información, pero el conocimiento reside en las personas y forma parte del capital humano. La tecnología está ―ha de estar― al servicio del usuario, de su productividad, de su rendimiento, y si no fuera así, no serviría: estaría mal inventada. En definitiva, la tecnología es lo que es, y bájese del pedestal que corresponde al capital humano, genuina bandera de nuestra economía. Cultivemos el idóneo uso de la tecnología, pero cultivemos y nutramos, sobre todo, el capital humano. Casi una digresión No sé si Canalejo, financiero, job cutter y consejero de grandes empresas, sirve al interés nacional o, legítimamente, al de las cuatro empresas de Redtel que le ficharon; pero cabe imaginar que también Aetic, representante de todo el sector de las TIC, deseará muy sinceramente una rápida consolidación de la economía del conocimiento, especie de álter ego de la Sociedad de la Información. En todo caso, habríamos de separar bien continentes y contenidos, medios y fines, intereses públicos y privados, como también los conceptos de información y conocimiento, de renovación e innovación, de calidad y burocracia... Para llegar a las cotas deseadas de productividad y competitividad, precisamos tecnología, pero, sobre todo y si el lector asiente, capital humano. Bueno es que dispongamos de estructuras de telecomunicación y, en general, de avanzadas tecnologías de la información y la comunicación, de cara a la prosperidad de las empresas; pero la esencia de la información es, sí, su contenido, su significado, y no el soporte ―potentísimo, pero soporte― en que se nos ofrece. El significado, como es sabido, lo aporta el individuo, ya se trate de información impresa o electrónica. Si me dejan decirlo así, la tecnología es a los significantes, como el individuo a los significados; y por el mismo precio añadiría, casi en digresión, que el concepto de “recursos humanos” es a la era industrial, como el de “capital humano” a la era del saber; que la mera renovación tecnológica es al concepto de innovación, como el conocimiento explícito al intuitivo... Los cuatro hiatos
El lector advertirá, en lo referido al primer hiato, que, una vez generalizado el uso de las TIC, no se trata ya de superarlo mediante la mera alfabetización digital o informática, sino, por una parte, de asegurar que los continentes contienen, y por otra, de saber buscar con la debida estrategia y tenacidad. Por ejemplo y aunque todo esto es sin duda más complejo, complejísimo, no basta con manejarse en Internet, sino que precisamos encontrar información relevante relacionada con el tema que nos ocupa, y hacerlo en un tiempo reducido. Para superar este primer hiato precisamos destreza informática, pero también perspicacia, intuición, agudeza. Una vez que accedemos a la información buscada (o quizá se nos ha hecho llegar por algún medio, sin tener que buscarla), topamos con el segundo hiato. En el paso de la información a conocimiento no debemos precipitarnos, aunque muchos pasen de largo por aquí. Superar el segundo hiato exige un dominio de las denominadas competencias informacionales (mi editor prefirió poner “informativas” en un libro mío: se trata de una editorial muy importante, y no se sintió obligada a consultarme). Sobre este tema y sólo para mostrar mis inquietudes y reflexiones, y alentar el debate, he publicado numerosos artículos en revistas impresas y electrónicas, en España y América Latina; pero el information literacy movement arrancó hace unos 20 años, si no antes. Dentro de las competencias informacionales, yo destaco siempre el pensamiento crítico, que parece tener el paso obstruido en las empresas, quizá porque se funde o confunde con la criticidad o el escepticismo. Supongamos que, tras desplegar numerosas competencias informacionales de carácter cognitivo, emocional y operacional, hemos llegado al conocimiento valioso, sólido y aplicable que íbamos buscando; de ahí a la aplicación hay un tercer hiato, porque el conocimiento capacita para la acción, pero una acción efectiva, acertada, fructífera, realmente productiva, necesita de algo más, tanto de corte endógeno (actitudes, facultades, habilidades, modelos mentales, conductas...) como exógeno (una buena organización en la empresa). La formación continua que se orquesta suele enfocar este tercer hiato e incorporar la doctrina del competency movement; o sea que, en el primer y tercer hiatos sí venimos reparando... Los que quizá se nos escapan más son el segundo y el cuarto. Vamos por el cuarto. Atención al cuarto hiato En 1997, leíamos en la revista Fortune: “La innovación es la característica singular que engrandece a las mejores compañías. Las compañías que saben cómo innovar no necesariamente invierten grandes sumas en investigación y desarrollo; en vez de ello, cultivan un nuevo estilo corporativo de conducta que admite nuevas ideas, cambios, riesgos e incluso errores”. Más de diez años después, el mensaje parece seguir vigente: los resultados pueden mostrarse espectaculares cuando nos dedicamos a pensar con penetración y esmero, y desplegamos conexiones y abstracciones valiosas. El profesional experto e innovador de nuestros días —por observador, curioso, intuitivo, sagaz y militante del aprendizaje permanente— encuentra en verdad conexiones y analogías aun cuando no resulten muy visibles; podemos incluso decir que las cataliza y que despliega diferentes ejes de conexión. Recordemos algunas de las características que Mitchell Ditkoff, presidente de Idea Champions, destacaba en los individuos más creativos en sus empresas: cuestionan el statu quo, buscan nuevas posibilidades, asumen riesgos, advierten conexiones ocultas, se concentran en los desafíos, aprenden continuamente, se muestran perspicaces, concilian la intuición con la razón, despliegan el pensamiento conceptual, el crítico, el sistémico… Efectivamente, al denominado “trabajador del conocimiento” (knowledge worker) de que nos hablaba Peter Drucker, le han atribuido otras etiquetas otros expertos: learning worker, innovation worker, thinking worker…, y podríamos en definitiva hablar del trabajador del saber, el pensar y el innovar: un aprendedor permanente que en ocasiones es capaz de añadir nuevo conocimiento (innovar) a su área profesional. Curiosamente y aunque no quepa generalizar, en algunas grandes empresas este perfil podría resultar parcialmente neutralizado por la insistente predicación de curiosos modelos de liderazgo, que más parecen de seguidismo. A veces parece haber, en efecto, mayor espacio para pensar con libertad y profesionalidad en las pymes, aunque en general haya seguramente remitido el despliegue de singulares doctrinas y liturgias evangelizadoras, con el primer ejecutivo como sumo pontífice. De la era industrial arrastramos tal vez la imagen del trabajador creativo como individuo que constituye una pesadilla para su jefe; pero el hecho es que la nueva economía demanda profesionales que piensen y sean capaces de generar novedades valiosas: las empresas más inteligentes, grandes o pequeñas, catalizan la materialización de esta capacidad. Se hace por tanto preciso que, dentro del concepto de aprendizaje permanente, incluyamos el desarrollo de facultades cognitivas y de fortalezas personales específicas: aquellas que más contribuyan a la innovación. De hecho, se hace preciso que aprendamos (conocimientos y habilidades) lo que ya saben los demás, y también lo que todavía no sepa nadie (que exploremos, descubramos, innovemos). El lector puede y debe asentir y disentir, que de eso se trata cuando compartimos reflexiones: gracias por su atención. |
||||||||
| ............................................................................................................................................. | ||||||||